Biografía del autor


Niñez y primeros encuentros con el periodismo (1932-1958)
Empecé a deambular por el mundo a los
siete años, y aún sigo, hasta hoy -R.K.

En 1932, fruto del matrimonio de Józef Kapuściński y María Bobka, nace en el hospital de la ciudad de Pińsk, antiguo territorio polaco, el pequeño Ryszard. Su padre, oriundo de la ciudad de Kielce, era maestro de educación elemental, aunque después de la invasión soviética y nazi en Polonia, comenzó a interesarse por la política. La pareja se conoció en 1910 en la localidad de Bochnia, cerca de Cracovia y más tarde, por razones de trabajo, se trasladaron a Pińsk. En esa ciudad, que hasta 1991 perteneció a la antigua Unión de la República Socialista Soviética y en la actualidad forma parte de la República de Bielorrusia, la mayoría de la población la constituían hebreos, rusos ortodoxos, polacos católicos y otros grupos minoritarios de Europa del Este. Por ser refugiados de la guerra, durante los próximos siete años, la familia Kapuściński cambiaría de domicilio en más de cinco ocasiones. En 1933, nació Bárbara, la segunda y última hija del matrimonio.
Por razones de guerra, en 1939 Józef es alistado al ejército como sub-teniente de la reserva y su esposa y dos hijos terminaron hospedándose con familiares en la ciudad de Pawlów. Unos meses más tarde tendría lugar la invasión nazi y lo que luego se convertirían en recuerdos de guerra, bombas, explosiones, hambre y miserables inviernos marcaron la niñez de Ryszard.

Todas estas alusiones, sin duda, dejarían huella en su carrera como periodista y corresponsal en el tercer mundo años más tarde. Lo importante de esta época en la vida de Rysiek es “saber que surgió como resultado de la intensa labor de la memoria y la imaginación, en una época en la que el escritor no sólo reflexionaba sobre su propio pasado, sino también sobre los mecanismos que lo recrean y las dificultades que esto entraña” . Parece ser que esas memorias que conserva de su infancia forman parte de un inmenso abismo que lo acompañará durante toda su vida y se verá reflejada en gran mayoría de su obra. A partir de su inicial encuentro con la guerra, ya Rysiek comenzará a desarraigarse del país que lo vio nacer.

En La jungla polaca Kapuściński recuerda cuando con siete años escuchó el primer estallido:

[…] Echo a correr hacia el bosque, hacia ese extraño lugar donde caen y explotan las bombas, pero un brazo me agarra por el hombro y me tira al suelo. «Sigue tumbado- oigo la voz temblorosa de mamá- , no te muevas.» Y recuerdo cómo, al apretarme contra su pecho, me dice algo cuyo sentido se me escapa y por el que me propongo preguntar más tarde: «Ahí está la muerte, hijo» .

A partir de la invasión nazi la huída se convierte en un estilo de vida para la familia, en una necesidad. Por otra parte, el ruso pasa a transformarse en la lengua oficial que se enseña en las aulas. Muchos soldados son capturados por los soviéticos y para escapar de los nazis, el padre de Ryszard decide huir al pueblo de Smolesnsk y desde allí pasa a visitar a su familia en Pińsk. Por ser considerado un oficial enemigo del régimen se expone a ser deportado a Siberia, por lo tanto su esposa María decide vender lo poco que le queda, alquilar un auto y escapar junto a su marido y sus dos hijos a la casa de unos familiares en Przemyśl, y más tarde a Varsovia. En el camino cruzan la frontera alemana-soviética y se topan con numerosos prófugos, en su mayoría judíos, que como ellos intentaban escapar de las garras del ejército. Esta ocasión marcaría el primer encuentro de Ryszard con una ciudad grande.

En 1940 Józef comenzó a enseñar en una escuela de un pequeño pueblo a las afueras de la capital. La familia se terminó refugiando en los predios de dicha escuela que carecía de luz y agua. Los cuatro se alimentaban de una sola papa, que el padre recogía de las ofrendas que le hacían sus estudiantes.

El hambre nos había acompañado desde Pińsk: yo no paraba de buscar una oportunidad de zamparme algo, un mendrugo, una zanahoria, cualquier cosa. Un día, al no ver salida, padre dijo en clase: «Niños, los que quieran acudir mañana a clase se deberán traer una patata.» Padre, que no sabía comerciar, incapaz de desenvolverse en el contrabando y sin recibir un salario, consideró que no le quedaba otra salida que pedir a sus alumnos unas cuantas patatas. Al día siguiente, la mitad de la clase no apareció en la escuela. De entre los que acudieron, unos niños trajeron media patata, otros un cuarto. Una patata era un tesoro

Un año más tarde el pequeño Rysziek ingresó en una escuela en el pueblo de Izabelin, donde tenía que caminar ocho kilómetros para llegar a clase. A esta edad se había convertido en un experto obteniendo comida, así desarrollando su instinto de supervivencia que le acompañará por el resto de sus días y experiencias de vida que le ayudaron a entender el sufrimiento de otros ante la guerra. Al mismo tiempo aumentaban los arrestos y las deportaciones por parte de los nazis, haciendo que los Kapuściński tuvieran que trasladarse una vez más a Varsovia, mientras que Józef se refugiaba en los bosques con otros partidarios anti-nazis y anti-soviéticos.
Ryszard, su madre y hermana, habitaban en una casa al lado de la familia Skupiewski que se dedicaba a producir y vender pastillas de jabón.

El pequeño necesitaba recolectar dinero para comprarse un par de zapatos nuevos, ya que el invierno se aproximaba cada vez más y los que tenía apenas le servían, además se los había construido su padre en fieltro. Por esta razón comienza a vender pastillas de jabón. Ese anhelo por poseer un par de zapatos lo albergará durante toda la guerra y más tarde se verá reflejado en su obra. «Sueño con unas botas fuertes, macizas, claveteadas; de ésas que al golpear sobre el empedrado producen un sonido claro e inconfundible. (…) Era capaz de pasar horas con la vista clavada en los buenos zapatos, me gustaba el brillo de la piel, me gustaba escuchar su crujido. (…) El zapato endeble y roto era una señal de humillación, estigma de un ser humano al que habían arrebatado toda su dignidad, condenándolo a una existencia infrahumana» . Según los autores de su biografía literaria: “Sólo teniendo presente este anhelo resulta comprensible la epopeya para comprar calzado, expresiva lapidaria y cruel como un cuento de Andersen” .

En 1944 Ryszard se hace monaguillo en una iglesia que quedaba en los predios de un hospital donde llevaban los heridos de guerra y los muertos que enterraban en una fosa común. Estos son sus recuerdos de guerra entre olores a pólvora, tiendas de campaña, cuerpos moribundos y exuberante tristeza que le acompañarán durante toda la vida. Aunque nunca se consideró muy religioso, para combatir el dolor del escenario al que se enfrentaba, Ryszard se pasaba horas enteras junto al cura que rezaba oraciones por el cese de la guerra.

Durante mucho tiempo pensé que aquel era el único mundo, que no había otro, que la vida era así. Es comprensible: los de la guerra fueron mis años de infancia y primera adolescencia, cuando uno empieza a discurrir y a tomar conciencia de las cosas

En el verano de 1945 se anuncian las capitulaciones de la Alemania nazi. La guerra había terminado, sin embargo, sus efectos no dejaban de sentirse. El terreno había quedado destrozado entre ruinas y escombros y abundaba la pobreza. Aún permanecían no sólo las consecuencias físicas de la guerra, sino también los psicológicos en las mentes y actitudes de las personas. Además, la ciudad de Pińsk había pasado a formar parte de otro territorio, otra nación, lo que significaba que la familia Kapuściński ya no podía regresar a su hogar. «Llegar a saber qué significa desprenderse de los sueños y resignarse a una pseudoexistencia llena de degradación, resulta en el caso de Kapuściński una herencia de la educación que da la guerra tan importante y duradera como la experiencia del terror, de la muerte y de la crueldad» .

Al tiempo la familia se instaló en una casa mono-familiar en el barrio de Mokotów en la capital polaca. Ryszard se comienza a interesar por los deportes y se convierte en el portero del equipo de su escuela. El fútbol se convirtió en su delirio, su vocación más apasionada. También se dedicó boxeo, un pasatiempo que comenzó en el club Warszawa y lo llevó a convertirse en subcampeón junio de Varsovia en el peso gallo. Un día en el colegio dejó a un lado la pelota para sentarse a escribir unos poemas, que más tarde enviaría a diversas revistas literarias y serían publicados. Su interés por la pluma también pudo haberse agravado a raíz de una visita al salón de clases de Ksawery Pruszyński, un reconocido periodista oriundo de la ciudad de Volinia.

No recuerdo los detalles del encuentro, mas puedo decir que me marcó el calor que emanaba de su persona. La impresión fue muy buena, fue afectuosa. Era alguien que escuchaba las voces de los otros, una cualidad que considero indispensable en un periodista, la empatía .

Tres años más tarde el joven Ryszard se comienza a interesar, como su padre, por la política. Recuerda cómo a raíz de la destrucción que había creado el antiguo régimen, el ideal socialista comenzó a tomar auge entre las masas jóvenes. En 1948 Kapuściński se inscribe en la Unión de la Juventud Polaca (UJP), una asociación de pensamiento izquierdista fundada ese mismo año con el ideal del recién establecido Partido Obrero Unificado Polaco (PZPR por sus siglas en polaco), que gobernó hasta 1990 y fue formado por la unión entre el Partido Socialista Polaco y el Partido Obrero Polaco. Gracias al apoyo que recibió el partido en 1949 se aprueba el modelo socialista en el Congreso del Sindicato de Eruditos Polacos y poco después aparecen publicadas dos poesías de Kapuściński en un par de revistas. Se considera que fue durante esta época que probablemente surgió en él la idea de dedicarse de lleno al oficio del periodismo…

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