Trozos de un diario de verano


29 de julio

Hoy en la mañana llegué a Dwirzyno, un pueblo costero al norte de Polonia en el Mar Báltico. Estuvimos en el tren casi 12 horas y para mi sorpresa en realidad fluyó bastante bien todo el trayecto, aunque originalmente había pensado que sería una pesadilla. Viajar en tren en Polonia no es nada fácil. La mayoría de los vagones son viejísimos, tardan casi 3 veces más de lo que deberían, las paradas sin sentido son orden del día y los asientos, pues tampoco los más cómodos. La verdad es que es una pena porque hay tantos lugares para visitar, pero sólo pensar en las conexiones, incertidumbre y las largas horas sentado delante de personas extrañas buscando donde esconder la vista agobia a cualquiera. Menos mal que sobreviví y ahora estoy aquí.

Solté la mochila en la habitación que compartiría con tres chicas más y rápido me di la tarea de dar una vuelta para conocer el lugar. Mucha gente invadía las calles, sobre todo familias con niños pequeños. Hay una calle principal llena de negocios, bares, ferias de juegos, tiendas de souvenirs, mercadillos y luego la playa, que es, dicho sea del paso, realmente bonita. La arena parece talco y la costa, infinita. Hacía tiempo que no veía el mar. Una pena que el cielo estaba nublado, sin embargo, las tonalidades de gris eran bonitas y con sólo poder respirar aire de salitre, me bastaba. Me senté en un esquina y me quedé observándolo todo.Un padre con su hijo fueron los únicos suficientemente valientes para meterse al agua. Se sumergían y retaban el fuerte oleaje…

Sirvieron la comida a las 14,30. Me moría de hambre y no tenía a quien preguntarle donde sentarme. Me sentí perdida en el espacio. Finalmente terminé compartiendo mesa con otro de los profesores de inglés. Ahora regresamos de la primera reunión de integración y sigo un poco perdida, aunque no me atormenta. No me preocupa y creo que ya después de estar un año en este país, he llegado, o por lo menos he intentado llegar a un estado de comodidad y aceptación ante la duda. Soy y somos completamente diferentes y, está bien. Es parte de la magia que siento aquí. Lo acepto con humildad.

30 de julio

El cielo ha estado tan bonito hoy. La naturaleza en su punto. En la tarde mientras paseaba por el mar y derretía los dedos de los pies en la fria arena, el cielo, nublado en algunas partes, reflejaba unos destellos de luz en el horizonte. Esa imagen daba un aspecto tan celestial. Leí Saramago hasta que oscureció y enfrió todo a mi alrededor.
En la mañana estuve impartiendo clases. Me intimidaron los teenagers en un principio. Casi todos tenían caras largas de aburrimiento y decían que sólo estaban ahí porque sus padres los habían obligado. Poco después rompimos el hielo con un par de juegos y mejoró la situación…


Los días aquí son largos. Se hacen muchas cosas. 3 comidas, clases, playa, sol y lluvia, frio y calor, minicharlas con la gente, siesta, caminata nocturna y a la cama. Soy feliz. La vida y el universo me sonríen…

Una semana más tarde…

Ya perdí la cuenta de los días. Sé que estaré con esta rutina todo el mes, así que ya me negué a estar recordando qué fecha es cada día. Son casi las nueve de la noche y aún está claro el día. Hoy pasé más de la mitad de mis horas en la playa. En la mañana estuve con Gosia y Asia que llevaron sus grupos a caminar por la orilla hasta llegar al siguiente pueblo dos horas más tarde. Vimos una medusa y recogimos caracoles blancos. Había poca gente, me gustó mucho.

Como siempre regresé hambrienta. Después de la comida decidí ponerme en marcha de nuevo. Terminé en un internet café y más tarde en un bar irlandés que se llama Pirat. Me sumergí en ¨Claraboya¨ sin darme cuenta que se me había pasado la hora de la cena. Prefiero leer que buscar con quien hablar. La gente no me atrae mucho, sobre todo porque la mayoría están en familia y no solos como yo. En las tardes a menudo me siento sola, pero luego llego a la conclusión de que estamos todos iguales. ¨Anywhere you go, there you are¨… A medida que van pasando los días me habitúo más y me doy cuenta de que realmente hay pocas cosas a las que uno no pueda acostumbrarse con el tiempo.

El mismo día que regresé del Báltico, me subí a un tren con destino a las montañas Tatra, las más altas en Polonia. Murzasichle, un pueblito cerca de Zakopane se convertiría en mi próximo hogar durante dos semanas más…
15 de agosto
El bus iba subiendo la montaña y los ojos se me cerraban, aún con las ganas que tenía de que se mantuvieran abiertos. Estaba completamente exhausta después de casi 24 horas de viaje. Con una sola ojeada a la vida me di cuenta de que es hermoso aquí. Se respira un aire con sabor a pino y hay poco ruido. Digamos que en esta calle las únicas cosas que se pueden encontrar son cabañas de techos triangulares y chimeneas altas, montañas y animales de granja. Mi habitación queda en el quinto piso de la cabaña-hotel. Tengo que eñangotarme para no chocar contra el techo. Es mi cuevita y me encanta. Aquí se respira paz. Y aunque no hay mucho que hacer aparte de relajarse, disfrutar las vistas y leer, tenemos internet y hasta un jacuzzi en el hotel (aunque en realidad el agua es igual de fria que en una piscina). 

20 de agosto

Paso mucho tiempo sola. Hago mi trabajo en las mañanas y luego me gusta encerrarme en mi cuevita. La vista es tan bonita que no hay mejor lugar para admirarla. Mi compañera de cuarto está fuera todo el día porque se encarga de un grupo de niños y pues qué mejor para mi que tener todo este tiempo libre. Estoy leyendo a Haruki Murakami y se ha convertido en mi autor favorito del momento. Me quedan pocas páginas para terminar ¨Tokio Blues¨ y he comenzado a interesarme mucho por visitar Japón. No se cuando. Solo pienso en ahora, en este momento. Aquí en las montañas Tatra, en medio de la nada, cada vez más unida a la naturaleza y la sintonía de toda su energía… 


Me despierto con el canto de los gallos. Cuando paseo le sonrío a los campesinos que cultivan sus tierras, ordeñan sus vacas, cuidan sus cabras. Subo al tope de la calle y allí me siento a observar el atardecer. Una gran bola de fuego y lava se expande por todo el cielo. Sonrío. 
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