Inicia la Primera Convención de Periodistas de Puerto Rico


(Rafael Lenín López, Presidente de la ASPPRO junto al panel a cargo del conversatorio)

¿Están en sintonía las Escuelas de Comunicaciones y de Periodismo con la realidad de nuestra profesión? Con esta premisa inició la primera convención de periodistas de Puerto Rico organizada por la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO). Los panelistas invitados al primer conversatorio que se organizó el 31 de julio, Día Nacional del Periodista, fueron los directores de las escuelas de comunicación en la Isla, profesores y reconocidos periodistas de varios medios. La actividad fue un gran intento por debatir la sintonía (o falta de) entre la academia y los programas de comunicaciones y las demandas de las empresas mediáticas.

David Colón, director asociado del periódico INDICE inició su intervención con otra incógnita: ¿Para qué existe el periodismo y qué rol debe cumplir dentro de una sociedad democrática? “El periodismo debe    primero ayudar en la formulación del pensamiento crítico y las opiniones de los ciudadanos, dar voz a quienes no la tienen, fiscalizar los gobiernos y llegar a las fuentes de poder”, expresó. “Lo más importante para un comunicador es tener pensamiento crítico”. Y esto es precisamente el problema que existe en la isla, sobre todo con relación a la visión de muchos de los programas de comunicaciones que ofrecen las universidades. Desafortunadamente, dada la avalancha de tecnología e información a la que se enfrenta la era digital, muchos programas académicos se han dado la tarea de poner como prioridad educar a los futuros profesionales a manejar estas tecnologías y han dejado a un lado la importancia de fomentar un pensamiento crítico que únicamente puede obtenerse por medio de la lectura y el conocimiento de una cultura general, popular.  “No podemos perder una perspectiva humanista ante la tecnología”, expresó el doctor Víctor Manuel García, Director del Departamento de Comunicaciones de la Universidad del Turabo. El fortalecimiento del componente de educación general para los alumnos subgraduados es la única alternativa ante este reto.
¿Cómo puede un estudiante de comunicaciones que no lee y conoce muy poco sobre su propia historia, ser redactor en un medio? El oficio periodístico se ha tornado cada vez más superficial, más sensacionalista, más pesca noticias que vendan, que otra cosa. Y los alumnos de este campo, no por culpa propia, sino por la de sus profesores y la visión práctica y equivocada de muchos de los programas académicos a los que pertenecen, se entrenan en su mayoría, a ser robots, a manejar las nuevas tecnologías, editar y apretar botones. Sin embargo, ¿quién les inculca la lectura, quién los ayudará a afilar y ampliar su vocabulario y su pensamiento? Esta reflexión la resumió perfectamente una de las participantes de la convención.
Según la doctora Milagros Acevedo, Catedrática de la Escuela de Comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico, “la universidad no es una sala de redacción ni una emisora de radio. Ambas son escuelas que cumplen funciones diferentes. Esto no lo podemos confundir. Lo principal es establecer alianzas entre ambas, no convertir una en otra”.
De esta manera se hace cada vez más evidente la necesidad urgente a la que nos enfrentamos como académicos y profesionales de ensanchar los lazos entre estas dos instituciones.

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