Notas desde un avión (Parte II)


En los aviones a menudo se producen situaciones y diálogos que inspiran a escribir. Tal vez por la cercanía en que uno se halla con otros seres humanos durante varias horas, o el hecho de que voy a bordo de un vuelo de San Juan a Chicago repleto de boricuas que cuentan sus historias sin tapujos. El “eavesdropping” (escuchar a escondidas) resulta ser un buen antídoto para el aburrimiento y desde hace un rato me estoy entreteniendo con la conversación de mis vecinas sentadas en la fila detrás. A raíz de sus historias me he acordado de que a pesar de ser una islita tan pequeña, existen docenas de tipos de puertorriqueños. El grupo de mayor índice poblacional habita fuera de la isla. Pertenecen a un complicado fenómeno de identidad que conlleva ser parte de la diáspora y, según estadísticas, constituyen alrededor de cinco millones de personas. La mujer que está sentada justo detrás de mí es una de ellas. Nació hace cincuenta años en la ciudad señorial de Ponce, pero desde hace cuarenta y cinco vive en Chicago. Habla un español chapuzeado y suele pronunciar dos o tres palabras en inglés en cada frase. Los años en el exilio la han desconectado de su tierra y le cuesta recordar vocabulario en su lengua materna. Su vecina, sentada en el asiento de en medio, le cuenta que también es ponceña, aunque aún reside en la ciudad, y conversan sobre los principales lugares de interés de la misma.

-“Yo estuve por la playa esa de Ponce, la Concha”, dice la primera.
-“La Guancha, la Guancha”, la corrige la segunda.
-“¿Y estuviste en el Museo de Arte?”, pregunta ingenuamente la segunda.
– “No, no. No tuve tiempo para eso”, responde la primera. “Pero comí muchos tostones de la cosa esa verde grande. ¿Cómo es que se llama?”, le pregunta.
 “Debe ser pana”, responde.

Reflexiono sobre este tema y siento pena porque sé que el grupo de la diáspora que emigró hace veinte años o más (y en ocasiones incluso mucho menos) conocen muy poco acerca de su cultura, sus raíces. Conforman un extraño híbrido. ¿Quiénes son realmente? ¿Qué identidad poseen? En Estados Unidos son
“pororicans”, “latinos”, o “hispanic”. Pero a nosotros los boricuas que hemos vivido la mayoría de nuestras vidas en la isla, no se nos parecen en nada y no nos identificamos con ellos. No son ni de aquí de allá. Llevan otro estilo, hablan con un acento raro, poseen una actitud expatriada y la mayoría está desconectada de los temas que afectan la isla.

Cuando leo el periódico y aumentan cada vez más las cifras de personas que al igual que yo también han tenido que emigrar de la isla por x ó y razón, me pregunto si llegará un momento en que ya no existan boricuas defensores de su cultura e identidad. Posiblemente estarán todos ocupados metamorfosiándose y evolucionando en otras formas…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s