¿Vivimos para depender o dependemos para vivir?


pan

Mitad de la población de Puerto Rico recibe la ayuda del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), o como le llamamos de manera coloquial en esta isla: cupones. Así lee el titular de una noticia de última hora publicada en El Nuevo Día que no ha hecho más que erizarme la piel y obligarme a escribir esta entrada de blog. Se trata de una población de 1,3 millones de personas y sobre 600,000 familias gobierno-dependientes. De esa cantidad, menos de la mitad (272,000 unidades) reportan algún ingreso. Evidentemente esa cifra va encabezada por una población femenina que son madres solteras y jefas de familia y la otra mitad corresponde a diferentes categorías que se consideran especiales, ya sea por edad, discapacidad, o alguna otra condición.

Hoy, yo posiblemente también me una a esa cifra de gobierno-dependientes. Me darán la contestación en dos semanas. Que conste que no soy ni mantenida ni soy una ignorante- mucho menos vaga. Rompo básicamente con todos los estereotipos del típico caso del beneficiario de ayudas que provee el gobierno. Tengo un doctorado, un empleo serio (aunque no provea salario todo el año) y es la primera vez que me encuentro en esta situación.

A diferencia de mí, muchos de los casos que se atienden en el Municipio de Arecibo corresponden a una población que no ha completado ni la escuela superior. Muchos afrontan problemas para leer y escribir y tienen que ir acompañados de tutores o familiares que les faciliten las gestiones.

Aparentemente en un esfuerzo por controlar que esta cifra de beneficiarios del PAN continúe disparándose al aire, ahora tardan dos semanas en corroborar que la pre-solicitud de un posible candidato sea verosímil, es decir, que la información proveída al momento de llenarse la solicitud por teléfono, sea real y no inventada.

Hoy también solicité otras ayudas. Tuve que pensarlo varias veces, pues estoy completamente en contra de la gobierno-dependencia. Existen muchisímos casos de personas que han vivido sumergidos en la dependencia durante todas sus vidas. No conocen otra cosa. Por la razón que sea, están subordinados a recibir estas ayudas metálicas, alimentarias, de salud y de tantas otras cosas que se ofrecen en esta isla. No pueden subsistir sin ellas. Ni lo piensan. Van al supermercado y pagan con la Tarjeta de la Familia. Visitan el médico y sacan de sus bolsillas la Reforma de Salud. Reciben por correo o depósito directo, su cheque de Seguro por Desempleo o por Discapacidad. La lista es infinita.

Mi caso es diferente. Y posiblemente el de muchos otros también.

Hoy la prensa nos dice que la mitad de nuestra población es dependiente del gobierno. Solo la mitad de esa cifra reporta ingresos. ¿Y la otra mitad, estará mintiendo? Me gustaría pensar que sí, pues de lo contrario estamos hablando de una masa que a pesar de ser productiva (y en edad reproductiva también), no trabaja. ¿Por qué no trabaja? ¿Por qué no quiere, por qué no encuentra trabajo, o por qué si lo hace, tendrá que dejar de recibir estos beneficios? Si la contestación a la pregunta es esta última, me temo que estamos viviendo en una sociedad sin valor propio, sin autoestima, sin metas y sin la voluntad de echar hacia adelante por nosotros mismos. No le debe sorprender a nadie que seamos, por tanto, también la última colonia en el mundo.

Si no podemos decidirnos a no ser dependientes, tenemos ante nosotros el problema de los problemas. Peor incluso que la crisis económica, peor que la degradación de la economía, peor que todo. ¿Cómo podemos echar hacia adelante a este país y transformarnos en un pueblo fuerte, unido y comprometido si somos perpetuamente dependiente de otros? La dependencia temporal, es, en muchos casos (incluyendo el mío), una necesidad. Por la razón que sea, algunas personas se encuentran en una situación limítrofe donde o se han encontrado sin trabajo de momento o no reciben salario durante algunos meses del año. En fin, no tiene nada de malo solicitar una ayuda si se está claro que se trata de una situación transitoria. Sin embargo, unidades y unidades familiares que no conocen otra cosa que la dependencia y no podrían vislumbrar sus vidas sin estas ayudas- es lo que me preocupa enormemente.

Las ayudas del gobierno solo deben existir de manera provisional. Así es la situación en muchos países, donde el Seguro por Desempleo se cobra solo durante un número fijo de meses. En naciones como España donde se repartió el paro a todas las personas que quedaron cesanteadas de sus trabajos durante largos meses e incluso en muchos casos, años- esto probó ser una de las causas para continuar desangrando las ya afectadas finanzas del país. Si más de la mitad de la población no es capaz de subsistir sin el PAN, se cae de la mata que algo anda mal. Los salarios no van a la par con el costo de vida. La población está ahogada entre altos costos e impuestos, y quiero pensar que se trata de dependientes temporales y no lo contrario, porque sino, es hora de ir evaluando seriamente nuestras existencias y el sistema que nos rige.

¿Vivimos para depender o dependemos para vivir? Esa es la pregunta…

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