Los sabores de la ruina


Una crónica por Joel Cintrón Arbasetti (Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico) Katherine Pennacchio (Armando Investiga, Venezuela) y Sarah V. Platt (Universidad de Puerto Rico en Arecibo) como parte del taller: Periodismo que cuenta con Juan Cruz- organizado por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y celebrado en San Juan, Puerto Rico- en marzo de 2016.


Vivir aquí ya no tiene sentido. No tiene sentido porque ya no existe. No queda nada más que un recuerdo de lo que fue. Arecibo, la Villa del Capitán Correa, es una metrópoli del norte de Puerto Rico que, en su momento, era una meca de la alta sociedad, ahora lleva muerta más de una década. Vivir en Arecibo no tiene sentido a menos que estés jubilado, tengas varias casas y mucho dinero como para darte el lujo de irte a donde quieras cuando quieras, seas muy mayor o, como unos pocos, los enigmas de la vida te hayan traído hasta aquí.

 

Hace cuarenta años Arecibo era considerada una meca cultural; hoy día solo queda un recuerdo de aquellos tiempos. (Foto: Sarah V. Platt)

Caminar por el casco de Arecibo provoca sentimientos encontrados a medio paso entre la confusión, la pena y el temor. Confusión porque si eres relativamente nuevo en el barrio, no comprendes qué fue lo que pasó exactamente.

Aquello parece una amalgama entre la Habana Vieja y la Varsovia posguerra. Las calles desoladas, edificios en ruinas, escombros por doquier, negocios trancados con candados oxidados, letreros de se vende y se traspasa, una que otra anciana que se asoma por el balcón a ver quién es lo suficientemente atrevido como para pasearse por la calle.

El valor histórico y arqueológico de muchos edificios de esta zona es grandioso y se está perdiendo aceleradamente. Sus fachadas, espaciosos balcones y arcos de estilo colonial rememoran otros tiempos.

Arecibo provoca sensaciones de temor pues el vacío y el silencio absoluto son lo único que restan, sobre todo en el casco. Da igual que sea de día, de tarde o de noche. Si vas a pie por las calles del centro, no sabes qué esperar y a menudo cuando te cruzas con una esquina desolada, se te eriza la piel ante tal panorama de camposanto.

 

Graffittis han sido creados en un intento por embellecer el casco urbano de Arecibo. (Foto: Sarah V. Platt)

Este pedazo de ciudad olvidada ha obtenido la mala reputación de ser una zona caliente y según el último censo nacional el 44% de la población vive por debajo del nivel de pobreza.

La tasa de desempleo es de un 15.4%, la alta incidencia de indigentes y el tráfico de drogas y todos sus detonantes son otras de las consecuencias sociales que pueden atribuirse a la crisis que arropa a este municipio.

La situación de Arecibo no se aleja tanto de la realidad de otros pueblos de Puerto Rico, como por ejemplo el barrio capitalino de Santurce.

“En los ‘60 y los ‘70 Santurce estaba lleno de negocios, era un área muy comercial y hoy en día es un área muerta”, dice Madi Romeu, sentada en una silla mecedora, en una casa que hace esquina en la calle Avelino Vicente, a la entrada de la urbanización Hipódromo en Santurce.

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Joel Cintrón entrevista a Madi Romeu en su hogar en Santurce. (Foto: Gabriel López Albarrán)

“Toda esta urbanización era de mi abuelo, por eso esta calle se llama Avelino Vicente. El decía que esto aquí era el coche de San Juan, porque aquí está el centro, aquí tu tienes (el centro gubernamental) Minillas, tienes correos, sitios de comer, aquí tienes bancos, aquí están to’ los médicos”.

Santurce es un barrio en el litoral norte de San Juan, compuesto por cuarenta sub-barrios, el más poblado de la isla, con más de ochenta mil habitantes, con la mayor concentración de inmigrantes, el territorio más denso en cuerpos humanos, epicentro musical, gastronómico y criminal.

Viven haitianos que se refugian en una iglesia, montones de deambulantes de diferentes pueblos de la isla, escritores, músicos y artistas, gringos rubios de ojos azules que se quedaron varados con la heroína, mujeres sin techo que matan el día sentadas en una parada de guagua, mujeres famélicas que apenas se atreven a pedir una peseta.

Madi tiene 89 años y vive en Santurce desde el 1949. Recuerda que vio a Santurce llenarse de inmigrantes de la República Dominicana. Ahora ve como se vacía de inmigrantes y van llegando jóvenes estudiantes, artistas o profesionales, pero insiste en que es un área muerta.

“Fue paulatino, no es una cosa que pasó de un día para otro. Por ejemplo, en la iglesia  éramos un montón y ahora van cinco, digo, van más, pero por dar un ejemplo”.

Sin embargo, a las 12 del mediodía, a la altura de la Avenida Ponce León, Santurce se siente como una ciudad viva, la gente camina por las aceras rotas y se amontonan en las paradas de guagua con sus loncheras, sus maletas y bultos. Las fondas se llenan de comensales, en la calle se forma tapón y el aire se llena de humo y ruido. Pero ahí están, como células cancerígenas, las estructuras abandonadas, cajones de cemento que eran oficinas, apartamentos o restaurantes, imágenes cotidianas que se han vuelto símbolos de la crisis isleña ante el lente de fotoperiodistas de la prensa internacional.

“Yo he estado caminando esa ciudad durante mucho tiempo”, dice el escritor Eduardo Lalo. Los pasos que ha dado Lalo por la ciudad se han convertido en letras e imágenes, y la ciudad en personaje central de un país en crisis que aparece en sus novelas como un escenario lúgubre. En los últimos diez años, dice Lalo, el problema de estructuras en abandono en este pedazo de urbe se ha agravado. Según la Encuesta sobre la Comunidad, en el 2013 se estima que 74 mil personas emigraron de Puerto Rico a los Estados Unidos.

“Hay bloques completos que parecen Bagdad, como la cuesta de entrada hacia Sagrado Corazón. Y no es solo Santurce, es todo el país. Arecibo está terrible, tú tienes una fachada del edificio y la fecha de construcción, 1860 y pico, una casa histórica o un edificio histórico, todo está derrumbado, la dejaron morir. Arecibo está al nivel de la Habana vieja”.

 

Casco urbano de Arecibo. (Foto: Sarah V. Platt)
El matrimonio Castillo reside en Arecibo desde hace tres décadas y ha sido testigo de la transformación y el declive de esa ciudad. Según ellos, el alcalde Carlos Molina, a pesar de no ser de su partido, “está tratando contra viento y marea de levantar el pueblo, aún sin tener un centavo”.

Entre sus proyectos se encuentra la construcción del Hotel Blue Marlin con una inversión de $5 millones, el Arecibo Water Park, el primer parador del pueblo, un centro comercial a orillas del popular malecón que define la ciudad, un gimnasio municipal, dos restaurantes en el casco urbano que han sido parcialmente financiados por el gobierno local y algunos otros proyectos orientados a atraer el sector turístico a la zona norte de la isla.

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Estatua de Cristóbal Colón aún sin terminar, Arecibo. (Foto: Sarah V. Platt)
Muchas de estas iniciativas surgen por el hecho de que se haya plantado en Arecibo, en noviembre de 2015, una estatua de Cristóbal Colón, que anteriormente había sido rechazada por otros municipios. La creación del escultor ruso Zurab Tsereteli que aún no ha sido ensamblado en su totalidad, terminará midiendo 295 pies de altura y será supuestamente la estatua más grande de todo el continente, doblando en tamaño a la Estatua de la Libertad. Además, representa una estrategia para incentivar la economía local que actualmente sufre una de las crisis más amenazantes en la historia del país.  Arecibo es el municipio con mayor extensión territorial de los 78 que conforman Puerto Rico y superó en 11 millones de dólares el déficit fiscal durante los años 2013 y 2014.

El alcalde ha afirmado en varias ocasiones que el proyecto no le cuesta nada al ayuntamiento por ser una iniciativa privada. Sin embargo, está por verse cómo se conseguirá la inversión en uno de los municipios con mayor déficit y donde recientemente se suspendieron los servicios de agua potable por adeudar dinero a la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados. El enorme desequilibrio de finanzas públicas es una constante preocupación no solo para los políticos que lideran este municipio, sino también para la población residente, compuesta en un 16% por personas mayores de 65 años.

El año pasado Arecibo celebró quinientos años de historia. Se conmemoraron los cinco siglos desde que el Capitán Correa- un militar boricua del ejército español- defendió estas costas de invasores británicos en 1702. Esta celebración representó otra oportunidad fallida de fomentar la economía local.

Se organizaron unas pocas actividades culturales en el casco viejo, en el malecón y sus alrededores. Asimismo, se realizaron esfuerzos por embellecer la decaída ciudad, se diseñaron murales (la mayoría aún a medias), se le dio una mano de pintura a un puñado de edificios que están al borde del colapso y la plaza se decoró, de la mejor manera posible, tomando en cuenta el ajustado presupuesto. Se hizo lo que se pudo, dicen todos. Sin embargo, no fue suficiente. El cielo no puede taparse con un dedo.

¿Qué es una ruina?

En el diccionario etimológico aparece como una palabra derivada de caída, derrumbe, desplome, hundimiento. Todo esto recuerda a las palabras con las que los economistas definen la economía local, con su estancamiento consecutivo de una década, con su deuda de más de $70 mil millones, con el crédito en nivel chatarra. Los cascos urbanos de Puerto Rico están en abandono, palabra que se relaciona con la expresión francesa laisser à bandon, que significa “dejar en poder de alguien”.

¿En poder de quién se han dejado las ruinas de los cascos urbanos de Puerto Rico?

“Todas las grandes tiendas lo afectan porque venden un poco más barato y tienen un montón de beneficios que no tienen los nativos”, dice Madi en reacción a la apertura de un Walmart Supercenter en la Parada 18 de Santurce, la primera inmersión de la megacorporación en un casco urbano.

“Los empleados de muchas de esas tiendas siempre los cogen a tiempo parcial, no cogen por tiempo entero porque por tiempo parcial el pobre empleado no va a tener vacaciones, no va a tener seguro social, no va a tener un montón de cosas. Y todas esas tiendas cogen el dinero y lo mandan directamente a Estados Unidos, no pasan por los bancos de Puerto Rico. Si el gobierno ayuda no hay problema, se puede mejorar, haciendo leyes que favorezcan que hayan negocios y no ponerle impuestos y hacer las cosas más fácil”.

Pero el gobierno dice que ellos necesitan impuestos para llenar sus arcas…

“Una pregunta, ¿aquí no hay muchas personas que ganan unos sueldos fabulosos, que tiene contratos fabulosos?”

Santurce se gentrifica

Recientemente se celebró en la calle Cerra la sexta edición del festival de arte Santurce es Ley, que reúne a artistas de todos los medios en un fin de semana de música y arte que es una mezcla de festival alternativo con fiesta patronal. Ahí convergen el barrio típico santurcino con la nueva ola de jóvenes artistas y profesionales que se han mudado a la zona por los precios accesibles de las viviendas y por lo céntrico de su localidad.

En los últimos diez años se ha agravado el deterioro, como menciona Lalo, pero por otra parte Santurce se ha vuelto un barrio de moda. El inversionista Nicholas Prouty, presidente de Putnam Bridge y dueño del complejo de viviendas Ciudadela, comparó a Santurce con Williamsburg, un barrio de Brooklyn que resurgió con el arte, pero que al mismo tiempo ha pasado por un intenso proceso de gentrificación, el desplazamiento de gente de escasos recursos, entre ellos inmigrantes puertorriqueños y dominicanos, por gente de mayor poder adquisitivo.

Pregunto a Lalo, quien piensa que “Santurce es Ley es excelente”, si teme que en Santurce se esté dando un proceso de gentrificación.

“Yo creo que hay que revitalizar los centros urbanos, Santurce es un sitio maravilloso, pero hay que darle vida, hay algunos esfuerzos en ese sentido, yo creo que han sido buenos. Que la gente pueda vivir ahí en vez de irse a los suburbios, usar la ciudad, el sistema de transportación pública, espacios de supermercado que no hay prácticamente, entonces a la gente le cuesta trabajo vivir en esas circunstancias. La gentrificación es un peligro que siempre está ahí, esperemos que ese no sea el modelo, a eso es lo que me refiero, recuperar la ciudad no es para la gente que puede comprarse un apartamento en 500,000 dólares, eso ya hoy es irreal porque con la crisis y la caída de las hipotecas eso no va a pasar, ya ese mundo desapareció”, afirma Eduardo Lalo.

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