Una reflexión sobre la Historia, los muros y «el Otro»


 

(Foto suministrada).
Desde que Donald Trump ocupó la Casa Blanca hace unas semanas pareciera ser como si el discurso antiguo y radicalmente racista de nosotros contra ellos resonara hoy más que nunca. El mismo discurso “anti-terrorista” y de supuesta protección para los Estados Unidos que empleaba Bush hijo ha sido restituido y reciclado por el payaso que se junta demasiado bronceador en la cara y cuyo discurso misógino, sexista, dolorosamente insoportable y pedante se ha tornado tan ridículo e inverosímil como su peinado.

Somos muchos los que sufrimos mini ataques cardiacos cada vez que entramos al Facebook, leemos la prensa, vemos el noticiero y nos enteramos de la nueva ley que ha firmado, el tuit que ha publicado, el comentario que ha expresado. Incluso, según un artículo publicado recientemente en The New York Times, las cinco W que conforman la pirámide invertida de los periodistas ahora incluyen otras como: WTF, dado el grado de conmoción y sacudida que causa al público cada una de las acciones y decisiones políticas de Trump.

Trump odio al Otro. Y para él, los Otros somos todos. Todos los que no son él, no le representan o no le apoyan.

El Otro a través de los años

¿Y quién es el Otro exactamente en términos históricos? Durante los años 40 en Europa, el Otro tomó la cara de millones de judíos, homosexuales, Testigos de Jehová y otros grupos minoritarios que eran enviados a los campos de concentración. En el Medio Oriente y Turquía, por otra parte, el Otro son los kurdos; en Ruanda los tutsis; en China los mongoles; en Estados Unidos durante los años 50 eran los negros, décadas más tarde en los barrios de Nueva York eran los latinos y hoy día, tanto para Europa como para los Estados Unidos bajo el mandato de Trump, el Otro son los musulmanes. Da igual de dónde provengan, qué rama del Islam practiquen o si tienen visado o no para entrar a los Estados Unidos. El Otro son también las mujeres, los demócratas, los mexicanos, los latinos, los negros…

Desde la perspectiva masculina, heterosexual y euro-centrista sobre la cual se ha escrito la Historia, se refiere a todo aquel que comparte una identidad racial, socio-cultural y religiosa diferente a éste.  Es decir, el no-blanco, no-europeo. Aquel que es distinto, extraño, diferente. Sin embargo, no puede pasarse por alto que para los Otros, somos nosotros los extraños. Digamos que se trata de un concepto que se moldea dependiendo del uso que se emplee, el contexto y el espacio socio-cultural.

Muy contrario a Trump, para el fenecido periodista polaco Ryszard Kapuściński, el encuentro con el Otro forma parte de una exigencia interior propia. El motor que lo impulsa y moviliza es precisamente conocer, comprender y compartir con personas de otras culturas para luego dar fe de sus realidades y narrar lo que viven.

En el año 2005 expresó:

Cuando me paro a reflexionar sobre mis viajes por el mundo, viajes que se han prolongado durante muchos, muchos años, a veces tengo la impresión de que las fronteras y los frentes, los peligros y las penalidades propios de esos viajes, me han producido menos inquietud que la incógnita, siempre presente y renovada a cada momento, de cómo transcurriría cada nuevo encuentro con los Otros, con esas personas extrañas con las que me toparía mientras seguía mi camino[1].

El Otro para Kapu

Para el periodista el Otro lo es todo, es su fuente de trabajo y por tanto, constituye su oficio. Son aquellas personas que cuentan las historias de sus vidas y van trazando los pedazos de realidad que más tarde serán reconstruidas en un reportaje.

Son personas hechas de dos partes muy difíciles de separar: una es el hombre igual a nosotros, con sus alegrías y sus penas, sus días buenos y malos, que teme el hambre y el frío, que siente el dolor como una desdicha y el éxito como satisfacción y realización. La otra, superpuesta y trabada a la primera, es la identidad racial, cultural y religiosa. Ninguna de las dos partes aparece en un estado puro y aislado, sino que ambas conviven influyendo la una en la otra[2].

El Otro que Trump nos enseña a temer y a excluir es el que Kapu nos enseña a aproximar. Para el polaco se trata de una figura bifurcada que por una parte es semejante a cualquier otro ser humano, simplemente por compartir una naturaleza biológica y emocional. La otra parte, sin embargo, es aquella que nos separa, crea barreras entre naciones y personas: la cultura, y todas sus manifestaciones (lenguaje, raza, poder social, etc.).  Asimismo, se trata de un fenómeno en constante cambio, adaptación, dinamismo, asiduamente influenciado por el entorno que le circula.

Es precisamente este encuentro con los Otros y el mero hecho de darnos cuenta que existen simultáneamente a nosotros otras personas, lo que Kapuściński denomina el inicio de nuestra Historia universal como seres humanos. En el presente estas relaciones con los Otros trazan fronteras políticas, sociales, económicas y culturales. Al comparar esta ideología con el discurso de Trump vemos que poco ha cambiado.

Encuentro con el Otro

Para lograr comprender la importancia del Otro es fundamental trazar su origen desde una perspectiva histórica y social. “El encuentro con el Otro, con personas diferentes, desde siempre ha constituido la experiencia básica y universal de nuestra especie[3]”. Desde el momento en que ocurrió el primer encuentro entre dos tribus, o dos familias tribu, según Kapuściński, ocurrió posiblemente uno de los descubrimientos más trascendentales en la historia del hombre. El simple hecho de hallar que existen otros seres en el mundo y encontrárselos de frente constituye un reto para el ser humano. ¿Cómo actuar delante de El Otro? ¿Cómo comportarse?

La historia ha demostrado que en innumerables ocasiones la opción más frecuente del hombre ha sido adoptar una actitud violenta ante el Otro, resultando en conflicto o guerra. A lo desconocido se enseña temerle, huirle, azotarle. Lo desconocido se rechaza. El aislamiento y el establecimiento de barreras también ha resultado ser otro comportamiento frecuente del hombre hacia el Otro. Algunas edificaciones que evidencian esta política de aislamiento son las torres y puertas de Babilonia, los limes romanos, ciudades apartadas como la incaica Machu Picchu, o la Gran Muralla China.

Hoy día hemos retrocedido en el tiempo del rechazo y el odio hacia el Otro. Hemos vuelto a la era de las murallas.

Apartheid

En Encuentro con el otro Kapuściński delinea varios ejemplos de cómo históricamente el ser humano ha entablado un comportamiento negativo y fracasado con el Otro. Además de amurallarse, aislarse o demonstrar violencia, el régimen del apartheid es otro ejemplo de lo que Kapuściński considera uno de los peores fracasos del hombre, una en la que se justifica la guerra. Se trata de una doctrina de odio y desigualdad social por parte de los afrikáners u hombres blancos de Suráfrica, descendientes de holandeses, fanáticos religiosos del calvinismo, que constituyen el 12% de la población del país. A pesar de que lo primero que viene a la mente cuando se menciona el apartheid es precisamente el régimen surafricano, esta noción ha existido desde hace siglos. El enfoque consiste en despreciar precisamente a todo aquel que no sea igual que uno racialmente, socialmente y culturalmente; es decir, al Otro. En la lengua afrikaans la palabra apartheid significa ¨segregación¨ y puesto en práctica el régimen sanciona repulsión hacia otra raza. Es decir, todo aquel que no es blanco, se considera infrahumano.

Leo estas líneas, reflexiono y encuentro poca diferencia entre este discurso y el del nuevo presidente de los Estados Unidos.

Lévinas y el Otro

Otra perspectiva que adopta Kapuściński y es clave para comprender esta noción es una de las principales tesis de Emmanuel Lévinas, “quien llama acontecimiento al encuentro con el Otro”[4]. En El tiempo y el otro Lévinas sostiene que uno no debe sólo ponerse al mismo nivel que el Otro e intentar lograr un entendimiento mutuo, sino que es la obligación del hombre ser responsable de este. Esta tesis representa un reto ético que persigue y moldea los viajes y la visión kapuścińskiana. El encuentro con el Otro, según la filosofía de Lévinas, se fundamenta en un intercambio cultural de valores, ética, comprensión y sobre todo respeto colectivo entre personas y comunidades diversas. Su marco teórico consiste en intentar salvar y elevar el valor del individuo y mostrar la igualdad entre los unos y los Otros. Por ser todos seres humanos nos corresponde no sólo la igualdad, sino el deber ético de responsabilizarnos los unos de los otros.

En un ensayo publicado recientemente en la revista 80 grados, se le llama al año cursante, como el año de la Gran Muralla. Por culpa de Trump y sus ideas trastornadas hemos retrocedido a caer en la demagogia cursi y errónea que intenta convencernos de que los inmigrantes del sur son peligrosos y su ingreso al País debe impedirse cuando los datos demuestran lo contrario.

Prefiero mantener la idea kapuścińskiana en torno al Otro. El Otro soy yo. El Otro me define. No lo rechazo porque estaría rechazándome también a mí mismo. Intento compartir su realidad, respetarlo y solo luego, una vez logre un acercamiento en términos pacíficos y de diálogo, y sepa qué es caminar en sus zapatos, intentaré comprenderlo. Odiar y aterrorizar es de cobardes.

[1] Ibíd.

[2] Cita tomada de la contraportada del libro Encuentro con el otro.

[3] KAPUŚCIŃSKI, Ryszard: Encuentro con el otro, página 12.

[4] KAPUŚCIŃSKI, Ryszard: Encuentro con el otro, página 18.

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